A Rosario, mi psiquiatra,
tan profesional y tan querida
A pata coja
Una noche, en la duermevela
Veía mis demonios familiares
Junto a mi lecho de estrellas.
Al instante, sopesé mis males
Pretendiendo subir y cogerlas
A pata coja en horas impares
Como si huir siquiera pudiera.
Me dormí en las dudas finales
Rodeando sueños y quimeras.
Desperté cual trágico primate
En el confín curvo de la tierra
Encima de volcanes sin cráter
Hacia una vida cuasi perfecta.
Pero el rescoldo de este viaje
Marcará esa debilitada silueta
De cuyo entorno es un paraje
Mágico, toda esa duermevela.
Madrid 18 de octubre de 2019